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De la Pesadilla a la Vida en Abundancia Como tantos otros, yo también caminaba por el mundo buscando cosas vanas, satisfacciones inmediatas, seguridades de bienestar que son temporales, pues en el mundo todo acaba, todo envejece, todo termina, excepto la gracia Divina. La verdadera riqueza, la verdadera seguridad está al alcance de tu mano, tan simple, tan cristalina, tan dulce Simplemente cierra tus ojos, eleva una oración a Jesucristo y vacíate de tu vida en Sus brazos. Él te dará la confianza para vencer los obstáculos en tu vida. Te dará la seguridad de que Él nunca te soltara de Su mano dejándote a la deriva. Así, te inundará la alegría de saber que nunca más estarás solo porque Jesús te acompañará siempre.
Hace siete años mi vida se tornó de angustia, temor, medio e inseguridad, por una serie de eventos que pusieron a prueba mi fe y mi amor a Dios. Todo empezó cuando fui diagnosticado con problemas de presión arterial, luego de varios análisis me encontraron una mío-cardiopatía dilatada de dudosa evolución, pareció que el mundo se me venía encima, pero aferrándome a mi fe en Dios y la Virgen decidí luchar con todas mis fuerzas junto a mi esposa y mis hijos. Empecé entonces a concurrir a María del Rosario de San Nicolás en Avellaneda, Argentina, allí descubrí por primera vez la imagen de la Divina Misericordia; desde entonces esta hermosa devoción se volvió parte integral de mi vida. Con una dieta estricta y tomando más de diez pastillas al día, mi corazón comenzó a mejorar rápidamente, cosa que llamó la atención a los médicos ya que si bien no me curé por completo por lo menos la afección estaba controlada, cosa muy difícil en una cardiopatía dilatada. Cuando todo parecía volver a la normalidad, nuevamente mi fe se pondría a prueba. Un día en mi trabajo, mientras operaba una máquina rectificadora, estalló la piedra del esmeril lanzando al aire pedazos como proyectiles. Uno de los pedazos hizo un agujero en el techo, otro pasó al lado de la cabeza de un compañero, pero el más grande me tocó a mí, seccionándome el antebrazo por completo. Un compañero que estaba cerca recogió mi mano que quedó colgada únicamente por un pedazo de piel y con un cinturón me hizo un torniquete y así caminando prácticamente pegados subimos al auto de un amigo para ir al hospital. En el camino sólo me preguntaba ¿Porqué a mi? ¿Qué querrá Dios de mí? ¿Me cortarán la mano que colgaba únicamente de un pedazo de piel? ¿Resistirá mi corazón la operación y la perdida de sangre?
Cuando llegamos al hospital, caminamos hasta la sala de emergencia, yo adelante y mi compañero atrás mío sosteniendo mi mano. Los médicos al ver mi situación querían amputar el antebrazo inmediatamente y pidieron que venga un familiar a firmar la autorización, pero ninguno de los muchachos se animaba a ir a mi casa y decirle a mi esposa la verdad, tres veces bajaron los médicos a preguntar, pero no había nadie para dar la autorización. Mientras tanto, tendido en la camilla, desesperado le pedía a la Divina Misericordia por un milagro. En eso, la enfermera notó que mi pulso se había estabilizado y que a pesar de la pérdida de sangre, la presión sanguínea era casi normal. El milagro que esperaba había llegado. Sin esperar más, los médicos empezaron una operación que duraría doce horas para reimplantarme la mano. En la mesa del quirófano lo único que sentía era un rosario de la Rosa Mística y una medalla de Jesús Misericordioso que colgaban de mi cuello que mis compañeros pidieron que no me las sacaran. Al final, la operación fue un éxito.
A pesar de las siete operaciones a las que me sometí, nunca me desesperé porque sabía que mi Dios jamás me abandonaría. Jesús me alentaba con sus palabras a través de la Biblia. Nunca en mi vida vi a tanta gente a mi alrededor, en el hospital las enfermeras y doctores se admiraban de tanta gente que venía a visitarme y de lo cual jamás me voy a olvidar. Entre todas las bendiciones que había recibido hasta ese momento, hay algo que ni los médicos ni yo dentro de mi fe esperaba, en poco tiempo volví a trabajar en la misma empresa y en la misma máquina en la que sufrí el accidente. ¡Alabado sea Jesucristo! Éste fue el momento crítico cuando sentí el llamado, cuando mi vida comenzó a cambiar definitivamente, cuando descubrí que Jesús misericordioso me había dado otra oportunidad para que dedicara el resto de mis días a Dios, y que desde ese momento viviría por Dios y para Dios, entregándole mi vida y mi ser al Creador. Sin pensarlo dos veces, dejé mi trabajo y me presenté en radio María del Rosario FM 90.7, una emisora no comercial, netamente confesional con 8000 socios que pertenece al Obispado de Avellaneda Lanús. Hablé con los directivos y les pedí que me permitiesen hacer un programa dedicado a Jesús Misericordioso. A pesar que nunca había hecho radio en mi vida, me dejé llevar por el afán de servir, el programa fue aprobado y tuvo un éxito rotundo recibiendo más de 50 llamadas telefónicas en 45 minutos. Van más de 4 años de programación ininterrumpida y seguimos recibiendo un promedio de 40 a 60 llamadas por programa. Casi inmediatamente comencé a entronizar cuadros de Jesús Misericordioso en diferentes parroquias, en San Juan Bautista de Valentín Alsina colocamos una imagen de dos metros de alto por uno de ancho, igual ocurrió en María del Rosario de San Nicolás en Avellaneda, y en muchas otras parroquias. El 26 de cada mes, más de 80 personas nos reunimos a las tres de la tarde para rezar la coronilla en medio de la calle donde un templete fue construído para el efecto. Los momentos difíciles de mi vida me hicieron ver que muchas veces debemos recorrer el camino de la cruz para poder valorar la fe, la esperanza y la confianza en un Dios misericordioso y resucitar a una nueva vida sin miedos ni temores. Confía en Jesús, Él cambió mi vida del dolor a la alegría del amor. Yo le entregué mi alma a Él y Él me ha dado vida en abundancia. Si usted tiene una historia que quisiera compartir con nuestros lectores, será un placer publicarla. Escríbanos a: | |||||||||||
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