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Y viviremos así a la sombra de Dios... Por Miguel Arcángel De Simone Maimone
"Ángel de mi guarda, mi dulce compañía, no me desampares ni de noche ni de día; no me dejes sólo pues me perdería, llévame a los brazos de Jesús, José y María" |
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¡Cómo me recuerda a mi infancia esta oración! Cuando al pie de la cama, con las manos juntas y mi madre acompañándome, la recitaba confiando en la protección de este misterioso ser espiritual, que no podía ver pero que en mi corazón de niño sabía que existía... que amistosamente me acompañaba, ayudaba y aconsejaba, día y noche, a cada momento (Cfr. Hb 1,14; Tb 5,4ss), aún cuando, en el pecado, olvidaba su constante compañía.
Sin embargo, las prisas de este mundo moderno, su deshumanizada eficiencia y desesperanzado positivismo, en el que sólo es verdadero lo que se ve y se toca, me hicieron olvidar por algunos años esta oración y, por tanto, la guardia de mi inseparable amigo, de mi Ángel Guardián.
Ahora, en la oscuridad de mi habitación, cuando el peso del sueño comienza a cerrar mis párpados, recito esta oración sabiendo que ahí está y que, seguramente, me sonríe y lleva a Dios mis plegarias e intenciones (Cfr. Tb 12,12).
Esto no me parece en absoluto un retroceso en mi fe, pues tanto la Sagrada Escritura como la Tradición de la Iglesia describen a los Ángeles Custodios como grandes amigos, puestos por Dios al lado de cada hombre, para que le acompañen en sus caminos. "No ha de alcanzarte el mal, ni la plaga se acercará a tu tienda; que él dará orden sobre ti a sus ángeles de guardarte en todos tus caminos" (Salmo 91, 10-11). Y el Señor mismo dijo a sus discípulos: "Guardaos de menospreciar a uno de estos pequeños; porque yo os digo que sus ángeles, en los cielos, ven continuamente el rostro de mi Padre que está en los cielos" (Mt 18,10). Por eso la piedad católica nos invita a tratarlos, a confiar en ellos. Estos Ángeles, explica el Catecismo de la Iglesia Católica, "han sido designados desde nuestro nacimiento para nuestro cuidado, y constituidos para defensa de la salvación de cada uno de los hombres" (n 6). Pues, "acampa el ángel de Yahveh en torno a los que le temen y los libra" (Sal 34,8 Cfr. Dn 3,49ss).
Pero, querido lector, como me he dado cuenta por experiencia propia, que de nada serviría citarte textos Bíblicos y del Magisterio si no eres consciente con ayuda de la fe y de la gracia de la presencia misteriosa de tu Ángel Custodio, si no intentas platicar con él como lo harías con un amigo y no le dejas ser el más poderoso aliado en la tarea de tu santificación personal y misión en el mundo (Cfr. Jb 5,1; 33,23; Hch 8,26; 12,7). Quizá te parezca aventurada mi convicción, pero estoy seguro, que con el trato diario, pronto comenzarás a descubrir su acción silenciosa y sutil en cosas que aparentemente son producto de la casualidad o del azar... y entonces comprenderás que el Ángel Custodio es otro de los medios que Dios ha puesto a nuestro alcance como ayuda esencialmente espiritual para alcanzar la Salvación.
Ahora bien, no debemos olvidar que, aunque nuestro Ángel de la Guarda es el más atinado consejero que nos inspira santos deseos y buenos propósitos, en ningún momento substituirá nuestro esfuerzo personal y nuestra responsabilidad, nunca mostrará como bueno algo malo; ni coaccionará a las personas para que reaccionen a nuestra conveniencia; ni conseguirá un aumento de sueldo o una buena calificación cuando se ha hecho un trabajo de mala calidad; ni que los hijos sean buenos sin dedicarles tiempo para conversar con ellos y orientarlos. Nuestro Ángel es un amigo fiel pero no cómplice de nuestra desdicha y pecado, pues por encima de su amor a nosotros está su amor a Dios (Cfr. Is 6,3; Ap 4,9; Hb 1,6), o dicho de otra forma, por amor a nosotros nunca cooperará en aquello que nos pueda apartar del amor de Dios... ya que, detrás de toda acción realizada por nuestro Ángel Custodio, está la Gracia y Bondad Divina (Cfr Col 1,16).
Para terminar, me gustaría citar algunas palabras de San Bernardo de Clairvaux al respecto de los Ángeles Custodios: "Por lo demás, aunque somos menores de edad y aunque nos queda por recorrer un camino tan largo y tan peligroso, nada debemos temer bajo la custodia de unos guardianes tan eximios. Ellos, los que nos guardan en nuestros caminos, no pueden ser vencidos ni engañados, y menos aún pueden engañarnos. Son fieles, son prudentes, son poderosos: ¿por qué espantarnos? Basta con que los sigamos, con que estemos unidos a ellos, y viviremos así a la sombra del Omnipotente".
... y viviremos así a la sombra del Omnipotente.
¡Que Dios te bendiga y su ángel te acompañe!
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