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La Divina Misericordia en el Primer Centenario
de la Arquidiócesis de Puebla

Proclamaré sin cesar la misericordia del señor
Entrevista al Excelentísimo Monseñor Rosendo Huesca Pacheco, Arzobispo de Puebla.

Nacido en Ejutla, Oaxaca el 1 de marzo de 1932, Monseñor Rosendo Huesca Pacheco fue ordenado sacerdote en 1956. Licenciado en Teología y Derecho Canónico, por la Universidad Gregoriana de Roma, con estudios especializados de Psicología y Pedagogía en la Universidad de Fordham, New York, fue consagrado Obispo Auxiliar de Puebla en 1970, y designado VII Arzobispo de Puebla en 1977.


P. - Monseñor Rosendo Huesca Pacheco, a nombre de nuestros amigos, los Marianos de la Inmaculada Concepción, quienes han querido incluir en este número de Fuente de Misericordia la celebración del Centenario de nuestra Arquidiócesis de Puebla, le saludo, y le pregunto; ¿cuál ha sido el caminar histórico de esta Iglesia que peregrina en Puebla, hasta ser constituida como Arquidiócesis?

Monseñor Rosendo Heusca Pacheco
Arzobispo de Puebla
Bendiciendo a Dios por este acontecimiento, deseo comenzar manifestando mi más profunda gratitud a los Marianos de la Inmaculada Concepción, que además de la gran ayuda que han brindado a esta Arquidiócesis de Puebla, ahora, en un gesto más de amistad, han querido unirse a nosotros al dedicar este número de su Revista Fuente de Misericordia a un acontecimiento particularmente importante para los católicos poblanos, al cumplirse, en este Año del Rosario, el primer centenario de la elevación de la Diócesis de Puebla al rango de "Arquidiócesis".

La historia de esta diócesis se remonta al año de 1518, cuando el Papa León X estableció en Yucatán la primera diócesis de tierra firme en la Nueva España. Sin embargo, ésta quedó sin efecto. Más tarde, se solicitó al Papa Clemente VII que este obispado se extendiera hasta Veracruz, Tabasco y parte de Chiapas, lo que sucedió en 1525, quedando establecida la sede episcopal en Tlaxcala, de la cual tomó posesión como primer Obispo Fray Julián Garcés, en 1527.

Sin embargo, como Puebla, que había sido fundada en 1531, se desarrolló rápidamente, se decidió trasladar la sede episcopal a esta ciudad en 1543. El 9 de agosto de 1903, Su Santidad el Papa Pío X, mediante la Bula Preadecessoris Nostri convirtió la Diócesis de Puebla en Arquidiócesis. Actualmente esta Arquidiócesis, bajo el patronazgo de la Virgen de Ocotlán, constituye la Región Pastoral Oriente, formada por las Diócesis de Puebla, Tlaxcala, Huajuapan de León y Tehuacan.


P. - Como sabemos, Dios se vale de los hombres para ir edificando su Iglesia, particularmente de aquellos que han vivido y comunicado su amor misericordioso. Para usted, ¿cuáles son los más representativos en la historia de nuestra Arquidiócesis?

Por gracia de Dios, a lo largo de sus muchos años de historia, esta Arquidiócesis ha contado con el testimonio maravilloso de grandes hombres y mujeres, entre los que destacan el Beato Fray Sebastián de Aparicio, gran constructor de caminos y benefactor de los pobres, que contribuyó al progreso de la ganadería y la agricultura; el Padre San José María de Yermo y Párres, gloria del clero poblano, canonizado por el Papa en el Jubileo del Año 2000, quien profesó, proclamó, imploró y practicó la misericordia divina, sirviendo a todos, especialmente a los más pobres.


P. - De entre los obispos y arzobispos que han guiado a la Iglesia poblana, ¿podría hablarnos de algunos que han dado un testimonio particular de misericordia?

Hasta hoy, 35 obispos y 7 Arzobispos han guiado a esta Iglesia particular. Y quiero decirte que me siento un indigno sucesor de todos ellos, ya que cada uno, con gran amor a Dios y al prójimo, se entregaron al servicio de esta Iglesia que peregrina en Puebla. Pienso que entre el valioso testimonio de mis predecesores, destaca el del Venerable Don Juan de Palafox y Mendoza, originario de Fitero, Navarra, quien fuera Obispo de Puebla de 1640 a 1649.

Durante sus años en Puebla, Palafox fue Visitador General, Juez de Residencia de dos virreyes, Virrey interino de la Nueva España, y Arzobispo electo de México, cargo este último que no aceptó. Realizó grandes obras, como la fundación del Seminario de Puebla en 1644, y la reanudación de los trabajos de construcción de la Catedral, la que consagró el 18 de abril de 1649. Restauró 150 edificaciones, estableció un hospital para mujeres, un colegio para niñas, y un hogar para las pobres, donde albergó también a mujeres casadas, viudas o solteras sin hogar. Mejoró el Hospital de San Pedro, a donde acudía personalmente para llevar consuelo a los enfermos. Se preocupó por conocer, valorar y promover a los indígenas, como lo demuestran, tanto su magnífica obra Virtudes del indio, como su preocupación por que los sacerdotes y seminaristas conocieran sus lenguas, especialmente el náhuatl, que él mismo procuró aprender. Muy pronto, tras su muerte, acaecida en 1659, se inició el proceso para su beatificación y canonización, el cual se reanudó en 1986.

Otro de los grandes Obispos de Puebla ha sido el Venerable Ramón Ibarra y González, quien en 1903 se convirtió en su primer Arzobispo. Hombre de oración y penitencia, promovió incansablemente las Obras de la Cruz, y fue cofundador de los Misioneros del Espíritu Santo. Logró del Papa que la Catedral de Puebla fuera elevada al rango de Basílica Menor. Consiguió también que la Santa Sede constituyera el Seminario Palafoxiano como Universidad Católica. En el terreno educativo, trajo desde España a la Compañía de Santa Teresa de Jesús para las jóvenes; y desde Francia, a los Hijos de San Juan Bautista de La Salle para la juventud masculina. Murió en 1917. Está iniciado ya su proceso de canonización.


P. - En la historia de cada Iglesia particular hay tiempos de gracia muy especiales. Señor Arzobispo, ¿cuál piensa que ha sido uno de esos momentos en la historia de nuestra Arquidiócesis?

Sin duda, uno de los momentos de gracia más grandes en la historia de la Iglesia de Puebla fue la visita del Papa Juan Pablo II, quien el domingo 28 de enero de 1979 llegó, en el primer viaje apostólico de su Pontificado, a inaugurar los trabajos de la III Conferencia General del Episcopado Latinoamericano en el que, desde ese 28 de enero hasta el 12 de febrero de 1979 cientos de obispos, sacerdotes, personas consagradas y laicos, reflexionaron sobre la evangelización y el desarrollo de nuestros Pueblos. Tras recorrer las calles, en las que recibió el cariño de los poblanos, el Santo Padre celebró la Santa Misa en los campos de nuestro Seminario Palafoxiano, sede oficial de la Conferencia. Ahí, ante miles de fieles, exclamó: "Puebla de los Ángeles; el nombre sonoro y expresivo de vuestra ciudad se encuentra hoy día en millones de labios a lo largo de América Latina y de todo el mundo". Creo sinceramente que la Visita del Vicario de Cristo ha sido uno de los regalos más grandes que Dios, en su infinita misericordia, ha concedido a esta Arquidiócesis.


P. - Nos ha hablado usted de uno de los momentos más grandes en la historia de la Arquidiócesis de Puebla. Ahora le pregunto, ¿y cuál ha sido uno de los más difíciles?

Puebla, que fue fundada el 16 de abril de 1531 en el Valle llamado hasta entonces "Cuetlaxcoapan" o "Huitzilapan", posee una gran riqueza religiosa, histórica y cultural, manifestada particularmente en sus bellas iglesias. Por esto, la UNESCO declaró en 1988 a nuestra Ciudad, "Patrimonio Cultural de la Humanidad".

Desgraciadamente, el sismo que sacudió a Puebla en 1999 dañó edificios y templos de gran valor. Y en esas difíciles circunstancias, como un don de Dios, la amistad y la solidaridad de los Marianos de la Inmaculada Concepción no se hicieron esperar; el Padre José, junto con algunos Auxiliares Marianos, llegaron a esta Ciudad Arzobispal, para consolarnos y comenzar un proyecto de ayuda para la reconstrucción de algunas Iglesias dañadas.

Al volver a Stockbridge, MA, publicaron artículos conmovedores en sus revistas, los cuales suscitaron deseos de ayuda en muchos lectores, y varios de ellos, con generosa caridad cristiana, nos hicieron llegar, a través de los Marianos, donativos que inmediatamente dedicamos a la restauración de la Catedral, y de otras Iglesias, así como de nuestro Seminario Palafoxiano. Aprovecho la ocasión para reiterar, a todos ellos, mi más profunda gratitud.


Monseñor Hesca celebrando la Santa Misa ante una gran multitud
el día Domingo de la Divina Misericordia

P. - Desde hace algún tiempo, el amor y la devoción a la Divina Misericordia se ha extendido con gran fuerza en Puebla, y se ha irradiado, desde esta Arquidiócesis, a muchos lugares. Como Arzobispo de Puebla, ¿qué opina de esto?

Dios se nos ha revelado en la Sagrada Escritura y en la Tradición de la Iglesia como un Dios misericordioso, y ha querido recordar a la humanidad esta gran verdad a través de Santa María Faustina Kowalska, a quien dijo: Apóstol de Mi misericordia, proclama al mundo entero Mi misericordia insondable (Diario, 1142).

Gracias a Dios, este mensaje, que llegó a Puebla y ganó muchos corazones desde hace varios años, ha cobrado un nuevo impulso a partir de 1997, en el que, con ocasión del Año dedicado a Jesucristo, con la ayuda de algunos sacerdotes, seminaristas, religiosas y laicos, así como con el gran apoyo de nuestro amigo Oscar Delgado, comenzamos a difundir de manera más organizada, el mensaje y la devoción a Jesús misericordioso. El éxito de estos trabajos fue tal, que decidí crear el Centro Internacional de Difusión de la Divina Misericordia, y establecer el Santuario de la Divina Misericordia, aquí en Puebla.

Y fue en medio de estos esfuerzos cuando Dios nos bendijo, haciendo surgir una hermosa amistad entre los Marianos de la inmaculada Concepción y esta Arquidiócesis. Desde entonces, el P. José, el P. Michalenko, el P. Kaz, y el Hermano Andrés, acompañados de Fran Bourdon, Maciek Talar, Dánica, y otros Auxiliares de los Marianos, nos han visitado varias veces, para apoyar los trabajos del Centro Internacional de Difusión de la Divina Misericordia de la Arquidiócesis de Puebla, con su amistad, su oración, sus orientaciones, y destinando también generosos donativos. Con gratitud llevo muy presente en mi corazón el cariño que los Marianos me dispensaron durante la visita que pude hacerles en Stockbridge, MA, y las Misas que pude celebrar, con gran emoción, en el Santuario Nacional de la Divina Misericordia.


P. - La ayuda de los Marianos ha sido, sin duda, una bendición de Dios en la tarea del Centro Internacional de Difusión de la Divina Misericordia ¿Qué mensaje quisiera dirigirles a ellos, y a los Auxiliares Marianos en este Centenario de la Arquidiócesis de Puebla?

Con la ayuda de Dios, la bendición personal del Papa Juan Pablo II, y el apoyo de los Marianos, hemos podido difundir el Mensaje de la Divina Misericordia en más de 150 parroquias en Puebla, estableciendo grupos en todas ellas. Lo mismo hemos podido hacer en 76 parroquias de otras diócesis de México, y en 8 parroquias en 5 países de América Latina, con la aprobación de sus respectivos Obispos. Actualmente, el Centro Internacional de Difusión de la Divina Misericordia cuenta con más de 12,000 promotores que, con amor, profesan y proclaman, imploran y practican la Divina Misericordia.

Agradezco a Dios que haya puesto en nuestro camino a los Marianos, y agradezco a los Marianos su amor a la Divina Misericordia, y su amor misericordioso para este Centro y para esta Arquidiócesis que, al cumplir su primer centenario, proclama la misericordia de Dios, y agradece a los Marianos de la Inmaculada Concepción y a los Auxiliares Marianos, su amistad y su ayuda cristiana. ¡Que Santa María de Guadalupe, Santa Faustina, San Juan Diego y San José María de Yermo intercedan por ustedes para que sigan comunicando, en este nuevo milenio, el amor misericordioso de Dios!


- Por P. Eugenio Lira Rugarcía

- Fotos cortesía del CIDDM